22 de septiembre de 2021
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BEIJING, 13 ago (Xinhua) -- El reciente resurgimiento de la variante delta de COVID-19 altamente contagiosa a nivel mundial una vez más pone bajo los reflectores los diferentes enfoques contra el virus emprendidas por diversos países.
   En China, los esfuerzos unidos del Gobierno y de la sociedad han impulsado la capacidad del país para poner bajo control el reciente aumento de casos de COVID-19.
   Sin embargo, algunos medios de comunicación occidentales, que describen a los esfuerzos de China para controlar el virus como un "enfoque de cero tolerancia", han argumentado que es demasiado costoso y difícilmente sostenible.
   Esas afirmaciones no sólo abordan con ligereza la salud y la seguridad de las personas, sino que también subestiman la capacidad de China para compaginar la batalla contra la epidemia y el desarrollo económico.
   Los líderes de China han subrayado repetidamente que el pueblo es el "juez supremo y final" del trabajo del Partido Comunista de China (PCCh). La efectividad del trabajo del PCCh debe ser medida finalmente por los beneficios reales que han cosechado las personas, por el mejoramiento de sus vidas y por cómo sus derechos e intereses son protegidos.
   Cada vida es atesorada. China ha lanzado una prolongada guerra contra el virus. El enfoque chino para dominar al virus da prioridad al derecho a la vida, el derecho humano más fundamental. Para los estadistas chinos, las vidas de las personas no son una opción negociable. Son invaluables.
   El enfoque, caracterizado por rápidos confinamientos, pruebas masivas e inoculación a gran escala, ha demostrado ser efectivo para contener la epidemia. Ha mantenido en un bajo nivel las víctimas de China desde el inicio de la epidemia y ha impulsado su recuperación económica más rápido que en otros países.
   El enfoque también ha recibido un fuerte apoyo público. El público chino ha cumplido las más rigurosas medidas de control que requirieron sacrificios personales por el bien de la seguridad colectiva.
   También debe destacarse que el país siempre ha insistido en las respuestas específicas ante la epidemia para mantener en un mínimo el impacto en la producción y en la vida social. Por ejemplo, las autoridades locales han identificado con precisión las áreas de riesgo, a nivel de aldeas, subdistritos y complejos residenciales.
   China nunca ha creído que proteger la salud y la riqueza durante una situación de pandemia sea un juego de suma cero. De hecho, la respuesta rápida y precisa de China frente al virus explica por qué la segunda mayor economía del mundo ha sido capaz de continuar asegurando el sólido impulso de crecimiento mientras sale de la pandemia de la COVID-19.
   Su desempeño económico ofreció una muy necesaria esperanza para el crecimiento y el desarrollo del mundo posterior a la pandemia. El comercio del país con tres importantes socios comerciales, que son la Asociación de Naciones del Sudeste Asiático, la Unión Europea y Estados Unidos, se incrementó en los primeros siete meses de este año. El Banco Mundial calcula que la contribución de China al crecimiento económico global será mayor a 25 por ciento en 2021.
   En una era de amenazantes incertidumbres, una cosa es segura en China: la totalidad de la formulación de las políticas debe estar centrada y se centrará en las personas.
   Mientras las personas y la vida persistan, existe una oportunidad de crear una buena vida. A quienes no han logrado apreciar el enfoque de China, se les deben plantear una pregunta: ¿De qué sirve la búsqueda ciega de riqueza cuando las personas que se supone se beneficiarán de ella han muerto? 
13 de agosto de 2021
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